Alejandro III de Macedonia, más conocido como
Alejandro Magno;
transliterado del
griego Μέγας Αλέξανδρος,
Megas Alexandros; (n.
Pella, 20 de julio de
356 a. C. –
Babilonia, 13 de junio de
323 a. C.), fue el rey de
Macedonia desde
336 a. C. hasta su muerte y está considerado como uno de los
líderes militares más importantes de la
Historia, por su conquista del
Imperio persa.
Tras consolidar la unificación de varias ciudades-estado de la
antigua Grecia que estuvieron bajo el dominio de su padre,
Filipo II de Macedonia, poniendo fin a la rebelión de los griegos del sur tras la muerte de éste, Alejandro conquistó el
Imperio persa, incluyendo
Anatolia,
Siria,
Fenicia,
Judea,
Gaza,
Egipto,
Bactriana y
Mesopotamia, expandiendo las fronteras de
Macedonia hasta la región del
Punjab.
Antes de su muerte, Alejandro había planeado volver hacia el oeste y conquistar
Arabia, la
península Itálica e
Iberia, además de continuar la expansión hacia el
Oriente y encontrar el fin del mundo, idea que
Aristóteles, su tutor durante la adolescencia, le había inculcado contándole historias sobre un lugar donde la Tierra acababa y empezaba el Gran Mar Exterior.
Alejandro promovió la incorporación de persas en el ejército y la administración a través de lo que ha sido definido por algunos académicos como una «política de fusión», y favoreció el matrimonio de miembros de su ejército con mujeres persas. Él mismo se casó con dos mujeres persas de noble cuna.
Tras doce años de continuas campañas militares, Alejandro murió, posiblemente de
malaria,
fiebre tifoidea o
encefalitis vírica. Su única descendencia, muerto a manos de Casandro a los 13 años, dejó el imperio a merced de sus generales, conocidos como los
diádocos (sucesores), que lo fraccionaron y repartieron. Más de tres siglos después de dominio y colonización griega en áreas tan lejanas moría
Cleopatra, la última descendiente de
Ptolomeo I Sóter, uno de estos diádocos. Con este hecho acabó el período conocido como
helenístico o alejandrino, que fusionó las culturas
griega y
mesoriental.
Su legado ha quedado reflejado en la historia y la mitología de occidente y oriente, y sus conquistas inspiraron una tradición literaria en la que aparece como un
héroe legendario similar a
Aquiles, o como el «maldito Alejandro» del libro
zoroastra de
Arda Viraf por su conquista del Imperio persa y la destrucción de su capital,
Persépolis.
Entre las culturas orientales se le conoce como
Eskandar-e Maqduni (‘Alejandro de Macedonia’) en
persa,
Dhul-Qarnayn (‘el de los dos cuernos’) en las tradiciones del Medio Oriente,
Al-Iskandar al-Akbar الإسكندر الأكبر en
árabe,
Sikandar-e-azam en
urdu e
hindi,
Skandar en
pashto,
Alexander Mokdon en
hebreo, y
Tre-Qarnayia (‘el de los dos cuernos’) en
arameo, debido a una imagen empleada en monedas acuñadas durante su reinado en las que aparece con los cuernos de carnero del
dios egipcio Amón.
Sikandar, su nombre en urdu e hindi, también se utiliza como sinónimo de ‘experto’ o ‘extremadamente hábil’.
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